Sus padres son rianxeiros. El padre se gana la vida confeccionando velas para barcos. Su padre emigra a Argentina, donde instala una pulpería en el territorio de la Pampa. Él y su madre quedan en Rianxo y viven con sus abuelos maternos. Aquí inicia Alfonso sus estudios primarios y dibuja barcos y pescadores pobres.

1896. Reclamado por su padre, Alfonso y su madre viajan a Argentina.

1900. Regresa a Rianxo, donde inicia sus estudios médicos, mostrando clara vocación por el dibujo.

1904. Inicia el preparatorio de Medicina en la facultad de Compostela y empieza a dibujar sus primeras acuarelas en color. Se convierte en un joven jaranero y jovial y frecuenta las tertulias de los bohemios modernos. La caricatura personal le da rápida celebridad.

1909. Se licencia en Medicina y colabora en Vida Gallega (Vigo) donde sus historietas alcanzan celebridad.

1912. Se casa y se establece en Rianxo. Colabora con varias publicaciones: El Gran Bufón, La Voz de Galicia, El Parlamento.

1915. Se traslada a Madrid donde prepara oposiciones.

1916. Aprobadas las oposiciones ingresa en el Instituto Geográfico Estadístico de Pontevedra. Sigue colaborando con varias publicaciones de la época

1926. Es nombrado numerario de la Real Academia Gallega.

1931. Es elegido diputado a las Cortes Constituyentes en la 2ª República.

1939. El final de la guerra le sorprende en América y se traslada a Buenos Aires donde permanece, siendo personaje/símbolo de la galleguidad.

Ciego y enfermo de cáncer muere el 7 de enero de 1950 en el sanatorio gallego de Buenos Aires, siendo enterrado en el panteón del Centro Gallego de Chacarita.

En 1984 se repatría el cuerpo de Castelao para descansar eternamente en su patria gallega, en el Panteón de Gallegos Ilustres de Santo Domingo de Bonaval, en las proximidades de Santiago de Compostela.

“Cuando yo fui a la escuela no sabía aun hablar en castellano; porque yo tengo que deciros que soy hijo de una familia humildísima. Fui a la escuela muchas veces descalzo, con un pedazo de pan de maíz en el bolsillo. Por eso tiene para mí el gallego esa nostalgia deliciosa que me recuerda el tiempo feliz de la infancia, ese tiempo que es el más feliz de todos los hombres; pero que yo creo que en mí lo es aún más, porque soy aldeano y por serlo y por haber probado la miel de otros idiomas, es por lo que quiero dignificar el habla de mi pueblo, la lengua del único rey español que se llamó Sabio, el viejo idioma que supieron guardar como oro nuestros trabajadores del mar y de la tierra, de estos trabajadores gallegos que son de mi sangre y son de mi carne.

Señores Diputados, si aprobáis nuestra enmienda, u otra cualquiera que signifique respeto por nuestra Lengua, Galicia entera os lo agradecerá. (Moitos aplausos).”

18-02-1931, Discurso parlamentario en las Cortes de la 2ª República Española.